14 de noviembre de 2008

Oración

Puede ser todo tan inadecuado, se pregunta, y se le viene a la mente la palabra inadaptado; se dice a sí mismo: ir a la contra, las palabras que empiezan con i no hacen más que ir a la contra. Adecuado: no. Adaptado: no. Se sienta a comer con los suyos, esos que no darían ni medio pelo púbico por él en caso de que lo necesitara. La casa es alquilada, nadie sabe quién es el dueño: la escritura está sucia de embargos: se han pasado la casa de mano en mano y se han insolventado: los garantes a su vez han hecho lo mismo con la propiedad que debería servir como garantía: dos de ellos, hombre y mujer, casados entre sí, viven hoy en Padua: prefieren ver concursos de baile por la tele mientras cenan. El cena y se dice: estas lacras realmente quieren verme hundido: ya les tiembla el índice para marcar el 911 y denunciarme: ya puede verlos escupiendo frente a la policía: era un hombre complicado, andaba siempre en cosas raras. Mastica y piensa que la palabra cosa es detestable. Se sabe inadecuado. Comiendo ahí, semidesnudo. El barrio se le hace una trampa: Villa del Parque, Paternal, lo que sea: trampas y él un pobre roedor decapitado. Le cayeron veinte años en la cabeza y ya no puede recordarse como estudiante de Filosofía y Letras en la vieja facultad de Filosofía de la calle Viamonte: ahora es un hombre, dueño de toda la brutalidad que un ser debe ostentar para merecer tal nombre. Lo que engulle es una especie de risotto macizo. El vino facilita la masticación. Come pensando en el pucho que podrá fumarse después, vestido tan sólo con sus bermudas en el pasillo. El humo opacando su piel cobriza, mientras se acaricia las cicatrices. Después le dará un mordisco a la soledad. Un mosquito se fugará con su sangre en la panza. Tendrá que rascarse. Recostado en el silencio y la oscuridad del adulto, orará antes de dormirse: va a pedirle a Dios que, de una vez, lo liquide.

Franz

12 de noviembre de 2008

Lied

Qué bello decir: soy vomitivo

Qué bello decir: desamparo

Qué bello preguntar: ¿qué significaba fútil?

Te haces aire irrespirable: provincia intransitable

Todo aquello que con sexo pueblas te extermina

Kafka: el sexo como castigo a la necesidad de estar juntos

Qué bello decir: padre, he pecado contra el cielo y contra ti

Qué bello callar: de nada serviría el azar en nuestra historia helada

Regreso a esas tumbas contento: la finalidad como analgésico

Me confieso: qué bello ser el dios que se olvida de sus deudos

Ese dios que hicimos: dios títere impotente

Es en un campo prestado que te dices todo esto:

Palabras, el único camino al silencio

Franz.

5 de noviembre de 2008

Variaciones sobre lo mismo

Empieza con un deseo: establecer, fijar. Fundar. Pero evitar en el mismo movimiento la atrofia, la fijación. La totalización. ¿Establecer qué? Un verbo reclama un contenido. En este caso, establecer lo que ya no puede ser. Fijar el límite de lo posible, fundar el imposible en el contento de sabernos del lado de lo posible, para siempre ajenos a la imposibilidad. Primer establecimiento: recurro a bromas de gracia probada. Atención: lo que quiero fijar sin caer en la fijación es en sí una fijación: lo que encuentro punible de la broma no es ya la broma sino la repetición de la broma: la fijación de una broma a partir de la experiencia que nos avala. Soy en esto no un mal músico: soy la negación del músico: el mal músico no transmite no provoca no hechiza: la negación del músico es un individuo que dispara clichés en torno a un tema porque los sabe efectivos: su disparar clichés se basa en una memorización exenta de cualquier gracia o arte: fulanito es un yeitero, dicen en el barrio: fulanito se vale de frases hechas: muerte del arte. Separemos, de una vez, arte de artesanía. Entonces: hay un primer movimiento de ingreso a lo incómodo o egreso del hogar cálido; hay un segundo movimiento en el que se recurre a un contenido prefijado como rescate a la sensación de estarse perdido. Pintemos una imagen de esto: el hogar seguro es nuestro barco; caída por la borda a aguas frías, profundas (alejamiento del hogar/ingreso en un mundo peligroso); apelación a un salvavidas que representa en lo microscópico nuestro hogar seguro: nos rodea la cintura y nos conserva en la superficie: los ojos agradecen porque es el sentido de la lejanía: los pies no tocan cubierta pero vemos el barco. Apliquemos esta idea a nuestro caso: conversación: posibilidad de caer por cubierta y sumergirnos en aguas profundas (esta posibilidad existe siempre, es el riesgo y la maravilla de los otros; cuanto mejor piloto uno sea menor posibilidad habrá de caer al mar); algo que dice otro hace que perdamos el gobierno de la nave, nuestras palabras no pueden obedecer a lo que se piensa porque lo que se piensa es tan poco refinado como un cascote: adviene el silencio, pero en una conversación no puede uno callarse: hasta para callarse debe uno decirle al otro: hasta aquí llegamos, pretendo callarme. Tocamos aguas profundas: el frío y el golpe son el silencio: no se puede estar en esa situación: hiela y debe hablarse: recurro al salvavidas: el cliché viene a salvarnos. El recurso constante a esta clase de operaciones en el lenguaje tendría que significar para nosotros el síntoma de un problema en el desarrollo. Nada va a superarse de este modo: al cliché se recurre como se recurre a una aspirina: soluciones instantáneas para asuntos del instante. Cuando el cuerpo vuelve a doler, más aspirina. Porque evitar el silencio en una conversación apelando a una frase hecha no tiene más sentido que el de evitarnos un dolor: la mediocridad como analgésico. Lo que vamos a sentir en el día debe estar fijado por la mañana: no voy a permitirme sentir lo que sentiría si ante las palabras de X me quedara callado. Por eso voy a disparar la frase hecha para esa circunstancia. Esto no puede suceder más. La broma de eficacia probada dicha ante un nuevo auditorio no prueba ni mi espontaneidad ni mi gracia. Así se mata el arte, hurgando en la valija de lo ya hecho. Quiero sus risas, uso el cliché. Consigo las risas pero me encuentro pensando después: soy odioso, digo siempre el mismo chiste para quedar como gracioso: los otros me creen lúcido y espontáneo: los uso: no converso: verso. El problema es este: qué hacemos con lo que funciona: ¿lo descartamos para que el arte siga siendo posible? ¿debemos ser todo el tiempo el primer hombre y descubrirlo todo cada vez?

Franz

10 de septiembre de 2008

Doméstico

tenemos sed y paciencias de animal

Gelman


Se le atragantan las palabras. Hace días. Su único lazo con el mundo es el maltrato. Activo o pasivo. Excusable, pendiente de juicio. Pecaminoso. Natural o animal. Zumbidos que le dicen espero que sufras, sentencias que le llegan como no le llegan las absoluciones. Se recuerda que debe tener el derecho, que el derecho despreciado con ganas ahora es el que puede redimirlo. Tengo el derecho, se dice. El derecho a un sí o a un no. Los zumbidos le dicen que el sí o el no deben llegar a tiempo. La injusticia llega tarde o temprano. A nadie le importa en este momento un libro de poesía, una canción, la risa de un viejo. Pide disculpas por tener que seguir llevándose palabras a la boca, la boca se le hace una herida ajena de la que no puede hacerse responsable. Le dijeron que su boca era hermosa para después herirla, sus palabras sufrieron del engorde previo a la matanza, él mismo alimentó el destino que ahora le zumba, le zumba y le dice espero que sufras, zumba y le advierte que la injusticia siempre llega. Tarde o temprano. Cuando cae enciende dispositivos. Todos los sistemas de defensa reaccionan menos el suyo. Un escritor (Cohen) levanta la voz para que un músico (Dárgelos) no pueda expresarse, le ataca la capacidad de pensar, una mujer desprolija los separa, trata de hacer poesía del maltrato, se pone nerviosa ante lo brutal del escritor y lo manso del músico. Apaga ese dispositivo. Enciende otro a medida que cae. Puede ser el que llama o el que escucha o el que le deja ver o el que lo incomunica. Estamos al borde de todo, a punto de todo, pero subsiste este atragantarse de las palabras hace días. Alguien se acuerda de él y le zumba: espero que sufras. La injusticia llega tarde o temprano. Pero si la injusticia es injusta siempre, se dice. Pero si es injusticia no tengo por qué tolerarla. Quieren darle su merecido y le dan zumbidos, se queda mudo y piensa, ahora corre porque quiere saber si todavía es humano. No es una metáfora. Lo hace. Calcula. Se deja ser un perro, una masa de músculos sin dueño, carne pura en una dirección determinada. Al final del recorrido no espera nada. Menos que alguien sufra. Tal vez ni siquiera él quiere sufrir. Quiere entender el maltrato. Lo consigue. Se hace violencia para no raparse. No lo rescata saber que tiene el derecho. La justicia no es una posesión. Le ponen la correa del maltrato, a ese perrito rabioso. Ojo que este muerde, dicen entre risas, y le aprietan el collar de ahorque. Todo lo que diga será usado en su contra. Miento: todo lo que diga y todo lo que calle será usado en su contra. No le permiten el quejido, no tiene el derecho de quejarse. Si pudiera evitar ese atragantarse, no creo que fuese a quejarse. Se te acabaron los días de morder, le dice un timorato, y le escupe en la cara. Qué guapos que somos todos con el perro atado. Qué es lo que hizo que merece sufrir, qué es lo que hace que merece el bozal de su propia culpa. Cincuenta testifican en su contra. Dos se abstienen. Veinte fuman y buscan fichas para la máquina de café. Un curita ampuloso le dice esto también pasará y le ofrece, en plan gay descarado, ir a correr a la plaza martes por medio. No contesta, es paliza, no se va a levantar, pueden seguir contando si quieren, pueden apelar, arrojar la toalla, descubrir un porcentaje de dopaje en su sangre negra y descalificarlo, pueden conseguir cualquier cosa de él menos una contestación. Ese perrito tan contestatario, ahora tan calladito. Superperro sueña que corre más allá del destino y del zumbido. En el cuerpo lleva el picor de lo inacabado. La molestia de la sangre que aún no ha sido derramada.

Franz

21 de agosto de 2008

Ser es ser percibido

¿Cómo percibir sin esperanza? ¿Cómo evitar que lo emotivo y lo racional interfieran en lo percibido? ¿Cómo asistir al juego del mundo sin los atuendos de una historia, sin la armadura de una rabia, de un amor? Bastan dos palabras para que el estómago se cierre; se precisan dos palabras para que el sueño se dispare y la mente salga al galope con una decisión no humana. No son palabras impunes aquellas que oímos –la impunidad no es una propiedad adjudicable al lenguaje-, pero aún cuando las sabemos preñadas de verdad y mentira las cargamos con nuestros pensamientos y nuestros espasmos. Así es como una imagen impune –la impunidad sí es una propiedad adjudicable a las imágenes- se torna, una vez percibida, en verdad o mentira para nosotros, inundada de moral, contagiada de emoción. Entre el mundo y nosotros no hay nada. Por un lado el mundo, que es un todo cerrado. Por otro nosotros, unidades cerradas. El mundo nos incluye. Pero no nos percibe. El mundo trasciende cualquier frontera del yo. Pero somos los únicos capaces de experimentarlo. ¿Qué sería del bailarín de ballet si lo encerráramos en la jaula de los monos? ¿Su arte, para ser posible, precisa de la percepción de seres capaces de discriminar entre lo que es arte lo que no lo es? ¿Sería el mundo posible sin seres capaces no sólo de percibirlo, sino de inteligirlo?

Vuelvo a la primera pregunta: ¿Cómo percibir sin esperanza? ¿Cómo desembarazarme de mi omnipresente autoestima –sea esta suficiente o insuficiente- para percibir las cosas en su justa medida y no a través de mi balanza desequilibrada? ¿Cómo asistir al juego del mundo sin esperar que en él se dé el resultado de nuestra apuesta, más o menos penosa? Pasión por adivinar el futuro, eso sufrimos. Brujos neuróticos, maníacos, eso somos. No nos bastan los astros para inquirir acerca del destino de nuestras esperanzas: consultamos las cartas, la borra, las runas. Los amigos.

Esta reflexión nació de un pensamiento acerca del amor. Ahora pueden interpretar lo dicho otra vez. Porque el enamorado es ese al que los hechos y la persona amada se le transforman en su cielo a interpretar, en las constelaciones en las que se encripta su futuro. El amor es un pringue de emoción y razón que interfiere con la capacidad humana de percibir el mundo tal cual es. Ése es el origen de tantos desengaños, tardíos o tempranos. Uno se separa de ilusiones, no sólo de personas. Se desliga de esperanzas. Y esto es lo trágico: sólo se desencanta para volverse a encantar. Sólo se despierta de un sueño para sumergirse en otro. O renuncia a seguir soñando y elige estarse solo, confirmando así que el amor es una cuestión de magia e ilusionismo de la que quiere permanecer ajeno. Voltea al rey, abandona, pero la partida se pierde. Se niega a jugar, pero acepta la realidad del juego y sabe que de jugar debería someterse a las reglas insufribles que le han hecho abandonar más de una docena de veces.

Vemos al amado, esa imagen impune. Se acerca. Sonríe por que sí, porque es torpe, porque en todo caso el hecho de ser el sujeto pasivo de nuestro amor no lo rescata de su condición humana, sonríe y nos dice algo, algo que puede ser dicho en dos palabras. Y bastan dos palabras para que el estómago se cierre, para que el sueño se dispare y la mente salga al galope. Cómo puedo hacer para oírlas sin esperar ya nada.

Franz

14 de agosto de 2008

Genérico, trucho, alternativo

Fijate que raro: la ropa de marca tiene precios que la transforman en inalcanzable. La opción evidente sería comprar ropa no de marca. Pero esto es lo raro: comprar ropa de marca trucha. ¿Qué tiene de raro? Esto: la ropa de marca trucha es de peor calidad que la ropa de marca y que la ropa de no marca. Es decir, quien compra un pantalón Nike trucho adquiere una prenda de peor calidad que un Nike original y que un pantalón hecho por un fabricante anónimo de la calle Avellaneda (quien bautizó a su negocio Game Over, por ejemplo -el asunto de saber por qué las tiendas ignotas de ropa de la calle Avellaneda optan por nombres sajones de la calaña de Game Over es asunto para otro desvarío), es decir, el que compra el pantalón Nike trucho no se fija en la calidad de pantalón, sino que lo que paga es la posibilidad de ponerse un Nike sin pagar lo que cuesta. Lo he visto: un Nike que cuesta 189 pesos se consigue en su gemelo trucho a módicos pesos 30. Un Nike a 30 pesos. Qué tentador. Quizá el humilde Game Over nos hubiera sido más fiel, más resistente, más útil. Pero sería insufrible llevar puesto un pantalón Game Over en un mundo como el nuestro, un mundo tan just do it. Se compra el pantalón imitación y se lo lleva puesto sin mayores traumas. Este tema tiene sus derivaciones: se podría inventar un juego que consistiese en adivinar qué peatón lleva pantalones, zapatillas, camperas, etc, y qué peatón viste ropa original de marca. Este juego sacaría a la luz los prejuicios de los participantes. Es fácil imaginarse en un juego como ese frases como esta: Este tirado qué mierda va a tener un Nike, eso es re trucho, o también: Ni en pedos esta chiruza se compró unas Reebok, son re truchas. El juego podría llamarse: Igualdad entre los hombres: Game Over, haciendo homenaje a los pantalones antes mencionados. ¿Se imaginan una obra de teatro trucha? No tenés los 50 pesos para ver Pillowman original, entonces vas a ver la trucha, con el mismo argumento pero con actores, director y teatro trucho, a 15 pesos. Los medicamentos truchos existen, pero se venden de mala fe, quien los adquiere no sabe que son truchos. El que me atrae es el usuario voluntario de ropa trucha. El sigue la moda y la imposición, cueste lo que cueste. Porque es cierto que no paga lo que cuesta una prenda original. Pero se arriesga a ponerse una prenda cuyo precio sólo puede anticiparnos exhibiciones de nuestras partes pudendas en público, desgastes, deshilaches, fisuras y deformidades varias. Qué coraje ir a correr con unas Nike truchas, teniendo el riesgo de tener que volver a planta de pie pelada. Preferimos la mentira y la negación. Abrazamos esa madre tan acogedora, que nos oculta: la impostura. Toda vestimenta es un disfraz. El disfraz que más oculta es el que nos hace invisibles. Lo invisible no llama nuestra atención. Lo que no llama la atención es lo instalado, lo que es ya status quo. Uni-forme: Una forma, una única forma, modo, manera. Todos somos iguales. Todos podemos tener nuestro pantalón Nike, aunque algunos lo paguemos 189 y otros 30. Igualdad entre los hombres: Congratulations!

Franz (desde La Salada)

28 de julio de 2008

Lisérgico

El vicepresidente de la república A vota en contra de su gobierno; la candidata a presidente por el partido justicialista hace fórmula con un radical; la fórmula que se presenta a elecciones presidenciales apadrinada por el presidente en funciones, peronista confeso, está integrada por su mujer, peronista confesa, y un radical –también confeso; el matrimonio, una vez que la mujer asume el cargo que otrora ejerciera su marido, esto es, el de presidente de la nación, decide en alguna tarde de domingo pagar las obligaciones externas contraídas por cuanto funcionario ocupara el poder con anterioridad a ellos imponiéndoles una tasa grosera de impuesto a la exportación a los empresarios agrarios, piensan que una buena excusa a decir cuando sean increpados es que el ejecutivo interviene con políticas agrarias como la de este tipo, que someten la exportación de soja a un impuesto leonino para fomentar otro tipo de cultivos; lejos de sacar la billetera y girar el dinero de sus cuentas off-shore hacia las arcas estatales, los empresarios del agro deciden protestar, y deciden hacer de su protesta una patriada; los del gobierno son tan patriotas como los del campo, y deciden hacer de su política agraria e impositiva una patriada; las plazas se llenan, primero de gente, después de carpas, un farol se desprende y un militante pro gobierno muere; algunos llaman a conciliar mientras las partes endurecen sus posturas; hay insultos mutuos y disculpas mutuas; en esa tarde de domingo en la que el matrimonio que habita la quinta así llamada de olivos (no el huerto de los olivos, la quinta) decide que el estado debe participar de la ganancia astronómica que reporta el comercio internacional de la soja, decide también no utilizar el método ordenado por la constitución (es decir, creen que su proyecto nada tiene que ver con el “legislar en materia aduanera” que el artículo 75 de la carta magna establece como una facultad del congreso de la nación) y piensan establecer el gravamen vía decreto; el decreto con las así llamadas retenciones se firma y entra en bulliciosa vigencia; el campo retoza en las rutas primero y después en las plazas; el país se obsesiona con tres palabras: campo, gobierno, paro; los del campo citan la constitución en su defensa y no quieren someterse a un decreto y exigen que el tema sea tratado por el congreso; el gobierno resiste y negocia, pero más se resiste que se negocia; máxima tensión: se decide enviar un proyecto de ley al congreso, con la promesa de ambas partes de acatar el resultado, sea cual sea; el congreso se reúne y la ley pasa por diputados: sólo falta que los senadores levanten la mano; nuevas marchas en pro y en contra (en pro y en contra de lo que sea); sesión maratónica de senadores, televisada en vivo, vivida como una final de copa del mundo; tensión más que máxima: hay un empate y es obligación del presidente de la cámara de senadores, que no es otro que el vicepresidente de la nación, que no es otro que el radical que acompañó en la fórmula presidencial a la presidenta peronista en funciones, desempatar; pedido de tiempo, sudor y temblor, la palabra traidor resuena en eufemismos y citas bíblicas; el radical no se anima a decir la palabra "negativo" y se le ocurre decir que su voto no es positivo; el vicepresidente de la nación apoya la postura del campo, en contra de su gobierno; el decreto firmado por la presidenta tal vez quería evitar que esto sucediera; el decreto firmado por la presidenta tal vez provocó que todo esto sucediera. Mi voto no es positivo, dijo el radical, el que reemplaza a la presidenta cuando esta está de viaje. Lisérgico.

Arnold Y. Willis