Empieza con un deseo: establecer, fijar. Fundar. Pero evitar en el mismo movimiento la atrofia, la fijación. La totalización. ¿Establecer qué? Un verbo reclama un contenido. En este caso, establecer lo que ya no puede ser. Fijar el límite de lo posible, fundar el imposible en el contento de sabernos del lado de lo posible, para siempre ajenos a la imposibilidad. Primer establecimiento: recurro a bromas de gracia probada. Atención: lo que quiero fijar sin caer en la fijación es en sí una fijación: lo que encuentro punible de la broma no es ya la broma sino la repetición de la broma: la fijación de una broma a partir de la experiencia que nos avala. Soy en esto no un mal músico: soy la negación del músico: el mal músico no transmite no provoca no hechiza: la negación del músico es un individuo que dispara clichés en torno a un tema porque los sabe efectivos: su disparar clichés se basa en una memorización exenta de cualquier gracia o arte: fulanito es un yeitero, dicen en el barrio: fulanito se vale de frases hechas: muerte del arte. Separemos, de una vez, arte de artesanía. Entonces: hay un primer movimiento de ingreso a lo incómodo o egreso del hogar cálido; hay un segundo movimiento en el que se recurre a un contenido prefijado como rescate a la sensación de estarse perdido. Pintemos una imagen de esto: el hogar seguro es nuestro barco; caída por la borda a aguas frías, profundas (alejamiento del hogar/ingreso en un mundo peligroso); apelación a un salvavidas que representa en lo microscópico nuestro hogar seguro: nos rodea la cintura y nos conserva en la superficie: los ojos agradecen porque es el sentido de la lejanía: los pies no tocan cubierta pero vemos el barco. Apliquemos esta idea a nuestro caso: conversación: posibilidad de caer por cubierta y sumergirnos en aguas profundas (esta posibilidad existe siempre, es el riesgo y la maravilla de los otros; cuanto mejor piloto uno sea menor posibilidad habrá de caer al mar); algo que dice otro hace que perdamos el gobierno de la nave, nuestras palabras no pueden obedecer a lo que se piensa porque lo que se piensa es tan poco refinado como un cascote: adviene el silencio, pero en una conversación no puede uno callarse: hasta para callarse debe uno decirle al otro: hasta aquí llegamos, pretendo callarme. Tocamos aguas profundas: el frío y el golpe son el silencio: no se puede estar en esa situación: hiela y debe hablarse: recurro al salvavidas: el cliché viene a salvarnos. El recurso constante a esta clase de operaciones en el lenguaje tendría que significar para nosotros el síntoma de un problema en el desarrollo. Nada va a superarse de este modo: al cliché se recurre como se recurre a una aspirina: soluciones instantáneas para asuntos del instante. Cuando el cuerpo vuelve a doler, más aspirina. Porque evitar el silencio en una conversación apelando a una frase hecha no tiene más sentido que el de evitarnos un dolor: la mediocridad como analgésico. Lo que vamos a sentir en el día debe estar fijado por la mañana: no voy a permitirme sentir lo que sentiría si ante las palabras de X me quedara callado. Por eso voy a disparar la frase hecha para esa circunstancia. Esto no puede suceder más. La broma de eficacia probada dicha ante un nuevo auditorio no prueba ni mi espontaneidad ni mi gracia. Así se mata el arte, hurgando en la valija de lo ya hecho. Quiero sus risas, uso el cliché. Consigo las risas pero me encuentro pensando después: soy odioso, digo siempre el mismo chiste para quedar como gracioso: los otros me creen lúcido y espontáneo: los uso: no converso: verso. El problema es este: qué hacemos con lo que funciona: ¿lo descartamos para que el arte siga siendo posible? ¿debemos ser todo el tiempo el primer hombre y descubrirlo todo cada vez?
Franz
5 de noviembre de 2008
Variaciones sobre lo mismo
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21 de agosto de 2008
Ser es ser percibido
¿Cómo percibir sin esperanza? ¿Cómo evitar que lo emotivo y lo racional interfieran en lo percibido? ¿Cómo asistir al juego del mundo sin los atuendos de una historia, sin la armadura de una rabia, de un amor? Bastan dos palabras para que el estómago se cierre; se precisan dos palabras para que el sueño se dispare y la mente salga al galope con una decisión no humana. No son palabras impunes aquellas que oímos –la impunidad no es una propiedad adjudicable al lenguaje-, pero aún cuando las sabemos preñadas de verdad y mentira las cargamos con nuestros pensamientos y nuestros espasmos. Así es como una imagen impune –la impunidad sí es una propiedad adjudicable a las imágenes- se torna, una vez percibida, en verdad o mentira para nosotros, inundada de moral, contagiada de emoción. Entre el mundo y nosotros no hay nada. Por un lado el mundo, que es un todo cerrado. Por otro nosotros, unidades cerradas. El mundo nos incluye. Pero no nos percibe. El mundo trasciende cualquier frontera del yo. Pero somos los únicos capaces de experimentarlo. ¿Qué sería del bailarín de ballet si lo encerráramos en la jaula de los monos? ¿Su arte, para ser posible, precisa de la percepción de seres capaces de discriminar entre lo que es arte lo que no lo es? ¿Sería el mundo posible sin seres capaces no sólo de percibirlo, sino de inteligirlo?
Vuelvo a la primera pregunta: ¿Cómo percibir sin esperanza? ¿Cómo desembarazarme de mi omnipresente autoestima –sea esta suficiente o insuficiente- para percibir las cosas en su justa medida y no a través de mi balanza desequilibrada? ¿Cómo asistir al juego del mundo sin esperar que en él se dé el resultado de nuestra apuesta, más o menos penosa? Pasión por adivinar el futuro, eso sufrimos. Brujos neuróticos, maníacos, eso somos. No nos bastan los astros para inquirir acerca del destino de nuestras esperanzas: consultamos las cartas, la borra, las runas. Los amigos.
Esta reflexión nació de un pensamiento acerca del amor. Ahora pueden interpretar lo dicho otra vez. Porque el enamorado es ese al que los hechos y la persona amada se le transforman en su cielo a interpretar, en las constelaciones en las que se encripta su futuro. El amor es un pringue de emoción y razón que interfiere con la capacidad humana de percibir el mundo tal cual es. Ése es el origen de tantos desengaños, tardíos o tempranos. Uno se separa de ilusiones, no sólo de personas. Se desliga de esperanzas. Y esto es lo trágico: sólo se desencanta para volverse a encantar. Sólo se despierta de un sueño para sumergirse en otro. O renuncia a seguir soñando y elige estarse solo, confirmando así que el amor es una cuestión de magia e ilusionismo de la que quiere permanecer ajeno. Voltea al rey, abandona, pero la partida se pierde. Se niega a jugar, pero acepta la realidad del juego y sabe que de jugar debería someterse a las reglas insufribles que le han hecho abandonar más de una docena de veces.
Vemos al amado, esa imagen impune. Se acerca. Sonríe por que sí, porque es torpe, porque en todo caso el hecho de ser el sujeto pasivo de nuestro amor no lo rescata de su condición humana, sonríe y nos dice algo, algo que puede ser dicho en dos palabras. Y bastan dos palabras para que el estómago se cierre, para que el sueño se dispare y la mente salga al galope. Cómo puedo hacer para oírlas sin esperar ya nada.
Franz
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14 de agosto de 2008
Genérico, trucho, alternativo
Fijate que raro: la ropa de marca tiene precios que la transforman en inalcanzable. La opción evidente sería comprar ropa no de marca. Pero esto es lo raro: comprar ropa de marca trucha. ¿Qué tiene de raro? Esto: la ropa de marca trucha es de peor calidad que la ropa de marca y que la ropa de no marca. Es decir, quien compra un pantalón Nike trucho adquiere una prenda de peor calidad que un Nike original y que un pantalón hecho por un fabricante anónimo de la calle Avellaneda (quien bautizó a su negocio Game Over, por ejemplo -el asunto de saber por qué las tiendas ignotas de ropa de la calle Avellaneda optan por nombres sajones de la calaña de Game Over es asunto para otro desvarío), es decir, el que compra el pantalón Nike trucho no se fija en la calidad de pantalón, sino que lo que paga es la posibilidad de ponerse un Nike sin pagar lo que cuesta. Lo he visto: un Nike que cuesta 189 pesos se consigue en su gemelo trucho a módicos pesos 30. Un Nike a 30 pesos. Qué tentador. Quizá el humilde Game Over nos hubiera sido más fiel, más resistente, más útil. Pero sería insufrible llevar puesto un pantalón Game Over en un mundo como el nuestro, un mundo tan just do it. Se compra el pantalón imitación y se lo lleva puesto sin mayores traumas. Este tema tiene sus derivaciones: se podría inventar un juego que consistiese en adivinar qué peatón lleva pantalones, zapatillas, camperas, etc, y qué peatón viste ropa original de marca. Este juego sacaría a la luz los prejuicios de los participantes. Es fácil imaginarse en un juego como ese frases como esta: Este tirado qué mierda va a tener un Nike, eso es re trucho, o también: Ni en pedos esta chiruza se compró unas Reebok, son re truchas. El juego podría llamarse: Igualdad entre los hombres: Game Over, haciendo homenaje a los pantalones antes mencionados. ¿Se imaginan una obra de teatro trucha? No tenés los 50 pesos para ver Pillowman original, entonces vas a ver la trucha, con el mismo argumento pero con actores, director y teatro trucho, a 15 pesos. Los medicamentos truchos existen, pero se venden de mala fe, quien los adquiere no sabe que son truchos. El que me atrae es el usuario voluntario de ropa trucha. El sigue la moda y la imposición, cueste lo que cueste. Porque es cierto que no paga lo que cuesta una prenda original. Pero se arriesga a ponerse una prenda cuyo precio sólo puede anticiparnos exhibiciones de nuestras partes pudendas en público, desgastes, deshilaches, fisuras y deformidades varias. Qué coraje ir a correr con unas Nike truchas, teniendo el riesgo de tener que volver a planta de pie pelada. Preferimos la mentira y la negación. Abrazamos esa madre tan acogedora, que nos oculta: la impostura. Toda vestimenta es un disfraz. El disfraz que más oculta es el que nos hace invisibles. Lo invisible no llama nuestra atención. Lo que no llama la atención es lo instalado, lo que es ya status quo. Uni-forme: Una forma, una única forma, modo, manera. Todos somos iguales. Todos podemos tener nuestro pantalón Nike, aunque algunos lo paguemos 189 y otros 30. Igualdad entre los hombres: Congratulations!
Franz (desde La Salada)
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28 de julio de 2008
Lisérgico
El vicepresidente de la república A vota en contra de su gobierno; la candidata a presidente por el partido justicialista hace fórmula con un radical; la fórmula que se presenta a elecciones presidenciales apadrinada por el presidente en funciones, peronista confeso, está integrada por su mujer, peronista confesa, y un radical –también confeso; el matrimonio, una vez que la mujer asume el cargo que otrora ejerciera su marido, esto es, el de presidente de la nación, decide en alguna tarde de domingo pagar las obligaciones externas contraídas por cuanto funcionario ocupara el poder con anterioridad a ellos imponiéndoles una tasa grosera de impuesto a la exportación a los empresarios agrarios, piensan que una buena excusa a decir cuando sean increpados es que el ejecutivo interviene con políticas agrarias como la de este tipo, que someten la exportación de soja a un impuesto leonino para fomentar otro tipo de cultivos; lejos de sacar la billetera y girar el dinero de sus cuentas off-shore hacia las arcas estatales, los empresarios del agro deciden protestar, y deciden hacer de su protesta una patriada; los del gobierno son tan patriotas como los del campo, y deciden hacer de su política agraria e impositiva una patriada; las plazas se llenan, primero de gente, después de carpas, un farol se desprende y un militante pro gobierno muere; algunos llaman a conciliar mientras las partes endurecen sus posturas; hay insultos mutuos y disculpas mutuas; en esa tarde de domingo en la que el matrimonio que habita la quinta así llamada de olivos (no el huerto de los olivos, la quinta) decide que el estado debe participar de la ganancia astronómica que reporta el comercio internacional de la soja, decide también no utilizar el método ordenado por la constitución (es decir, creen que su proyecto nada tiene que ver con el “legislar en materia aduanera” que el artículo 75 de la carta magna establece como una facultad del congreso de la nación) y piensan establecer el gravamen vía decreto; el decreto con las así llamadas retenciones se firma y entra en bulliciosa vigencia; el campo retoza en las rutas primero y después en las plazas; el país se obsesiona con tres palabras: campo, gobierno, paro; los del campo citan la constitución en su defensa y no quieren someterse a un decreto y exigen que el tema sea tratado por el congreso; el gobierno resiste y negocia, pero más se resiste que se negocia; máxima tensión: se decide enviar un proyecto de ley al congreso, con la promesa de ambas partes de acatar el resultado, sea cual sea; el congreso se reúne y la ley pasa por diputados: sólo falta que los senadores levanten la mano; nuevas marchas en pro y en contra (en pro y en contra de lo que sea); sesión maratónica de senadores, televisada en vivo, vivida como una final de copa del mundo; tensión más que máxima: hay un empate y es obligación del presidente de la cámara de senadores, que no es otro que el vicepresidente de la nación, que no es otro que el radical que acompañó en la fórmula presidencial a la presidenta peronista en funciones, desempatar; pedido de tiempo, sudor y temblor, la palabra traidor resuena en eufemismos y citas bíblicas; el radical no se anima a decir la palabra "negativo" y se le ocurre decir que su voto no es positivo; el vicepresidente de la nación apoya la postura del campo, en contra de su gobierno; el decreto firmado por la presidenta tal vez quería evitar que esto sucediera; el decreto firmado por la presidenta tal vez provocó que todo esto sucediera. Mi voto no es positivo, dijo el radical, el que reemplaza a la presidenta cuando esta está de viaje. Lisérgico.
Arnold Y. Willis
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27 de junio de 2008
11-4am
ahora: la necesidad de ser clandestino, tema fantasma, margen, amante, suplente, temporario, traidor, proxeneta, criminal, perseguido, parte de la resistencia, plaga, insecto impertinente, fugarme con ellas de madrugada, las que estudian y trabajan, las legales, irme con las legales con la necesidad de ser clandestino a cuestas, voy a fumar con sinusitis, hay una necesidad de verbo encendido en las esquinas, se nos congelan los pies y gotas intrusas hacen de estrellas fugaces sobre los labios, los labios se separan y la lengua tiene que jugar el viejo juego de la foniatría, la fisiología permite o presagia o postula el verbo encendido, transmitimos el concepto embebidos en nosotros mismos, quiero ser profundamente detestado y resistido en este momento, quiero ser un travesti culón en la catedral metropolitana, quiero pintarte el culo con aerosol, quiero inyectarme esteroides y atarme a mil globos y perderme en el cielo, me paseo con las ternuras vegetales hidrogenadas que fundan buenos aires en todos sus amaneceres, a ellas les basta despegar los párpados para crear el universo, trastabillo y vuelvo a la incoherencia tantas veces, trastabillo y le digo que me cuesta hablar con ella y ella: ja!, no me cree, me alimento de las miradas relámpago con las que me hieren esas muchachas huérfanas, no hay paz posible mientras el 132 agarre córdoba, quiero volcarlo, el 132 tiene que ir por avenida calchaquí o mitre, el mundo no será un lugar seguro si no se funda en el azar, quiero volcar los colectivos con mis risas de cinéfilo, quiero besar a un perro en la boca y limpiarle el paladar con la lengua, criminal, proxeneta, corro tras el taxi que dejé pasar, lo alcanzo y lloro por el colectivo que no vino, increpo al taxista y le pido que frene, bajo y vuelvo con ellas otra vez, se han inscripto en facultades nocturnas y no lo hacen con taxi–boys como yo, no leen a jaime bayly, ellas usan mayúsculas y minúsculas, se lavan los senos según las instrucciones de la licuadora alemana que les regaló un pato del botánico, fuman chala para hacerse ver y aparecerse como apariciones de la chala en palermo, bodegones lounge de jazz contrapunteado al palo y rivotril en gotas para todos, se descomponen en mis brazos y hoy quiero ser el enfermo y la enfermedad, no tolero las fotos de familia, no me vengas a pedir whiskyyyyy!, voy a usar todos los adverbios que no uso, voy a volverme lo que soy: detestable, ahora, voy a hablar a los gritos por el handy y a cortarme el cuello con mi visa electron, soy tu puto fin de mes sin nafta, soy tu cuota de colegio privado condimentada y reforzada con mil incentivos docentes, voy a profesar el culto de la muerte en los shows de los payasos, voy a voltearles el puesto a los tenderos de la recoleta, voy a ser rico y melancólico y voy a cagarme en todos, voy a fabricarme una patología psiquiátrica para entretenerme, voy a comprar una entrada para river–boca y me voy a poner en cueros a golpear gente y arrastrarla de los pelos por las gradas, voy a actuar de motín en una práctica de la policía antimotines, y todo eso, todo, absolutamente todo para no decirte la reputísima verdad.
Franz
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17 de junio de 2008
Acerca de Bayly y Los subterráneos
Hace unos días terminé de leer Los subterráneos de Kerouac y La noche es virgen de Bayly, ambos editados por Anagrama. Estos textos no sólo comparten editorial. No sería justo si dijera que el libro de Bayly es un signo de cuasi–reflejo al de Kerouac. Bayly no hace una copia o un calco. Reinterpreta, versiona, cambia hasta que la influencia es sólo eso: influencia. Lo injusto sería hacer un análisis donde Los subterráneos es el tronco y La noche es virgen la rama. Ambos son libros malditos, no por el malditismo de sus autores, que puede ser mas o menos discutible en cada caso, sino por las historias que suceden en el margen de la historia, una que cuenta las aventuras/desventuras de dos beats y otra que se lleva a cabo en una Lima infernal donde un muchacho homosexual trata de ser simplemente un muchacho homosexual y no morir en el intento. Lo que hace maldita a la historia de Kerouac es: 1) Una historia de amor entre un blanco y una negra/indígena 2) El blanco es un candidato a escritor, bastante borracho y a los 31 años aún en casa de su madre; la negra/indígena (Mardou) vive de la caridad de sus amigos (los subterráneos del título), suele desnudarse en público, se ha acostado con todos los subterráneos, termina por traicionar al blanco (Leo). Lo que resulta maldito de la novela de Bayly es: 1) Una historia de amor/sexo entre hombres 2) Los hombres implicados son: a) Gabriel Barrios, muchacho de la clase alta peruana, adicto a la cocaína y asiduo consumidor de marihuana, que conduce con éxito un programa de entrevistas por la televisión peruana y b) Mariano, joven candidato a rock star, tan o más adicto que Gabriel Barrios, tan o más gay que el mismísimo Gabrielito 3) Gabriel no se queda en Mariano, avanza sobre la hermana de Mariano 4) Gabriel no se queda en la hermana de Mariano, avanza sobre el novio de la hermana de Mariano 5) Toda la noche de Lima con sus drogas, su violencia, la misma que sufre Gabriel y que también la que provoca. Estamos ante dos historias de amor, una hétero, otra homo. Subsiste inmaculado lo –sexual. El método para narrarlas es similar: ritmo, ritmo puro. En Kerouac asistimos a su sacrosanto bop, su uso del idioma jazzistico para expresarse, su plantear un tema y largarse a improvisar sobre el mismo, una especie de narrador que pivota, que hace base con un pie y con el otro se dedica a explorar el aquí y el allá pero sin perder su apoyatura primigenia. Bayly se hace eco del mandato deleuziano y se hace pasto, hierba, mala hierba, le huye a los estamentos y cuenta lo que le sucede con la misma velocidad que le sucede, con la misma desesperación o con el mismo entusiasmo. Los dos libros son evocaciones, hablan del pasado, cuando comienzan nos hacen saber que ese pasado ya no es un presente que los atormenta, si hay tormentos se trata de tormentos ya superados y domesticados con los que se puede convivir de un modo u otro (la prueba: pueden volverse literatura). Los dos protagonistas tienen algo especial con sus madres. Las dos historias de amor no terminan bien, o al menos no por lo que se tiene por final feliz. Hay coincidencia de contenidos y de formas. Se disfruta del ritmo de Bayly; a Kerouac la traducción castellana tal vez no le haga justicia. Kerouac se mete con el tema de los sueños y los presagios, Bayly se mantiene en el plano de lo consciente, es consciente de todo, desea lo que pone en marcha y por eso lo pone en marcha. Kerouac duda, ese es uno de los puntos más interesantes del libro, cómo describe el proceso de enamoramiento, con todas las dudas iniciales y no sólo iniciales, hasta que las dudas se diluyen pero traen consecuencias: el que ahora está seguro de todo se queda, como siempre, con las manos vacías. Ambos libros son indispensables.
Franz
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1 de mayo de 2008
En los márgenes
Otra vez quiere decirlo. Pintarlo. Tocarlo. La vida del hombre es pensamiento, así Yeats. Entonces sólo perfecciono mi esencia. Es decir, no puedo lamentar esas ansias de decir o de pintar o de tocar porque no hay voluntad que las active sino pura necesidad. Si uno es un hombre sabe de lo que hablo. Una obra de arte debería ser juzgada sólo por la necesidad de la que brota, así Rilke. No nos creemos artistas y casi nos reconocemos no artistas. Pero el gesto, el gesto no es patrimonio intocable del consagrado, la frase con filo o la línea de pintura sensual o el fraseo suceden aun fuera del cielo oficial del arte. Pero ya queremos dejar de ser esos, los marginales. De chico solía dibujar en los márgenes de las hojas del colegio. En el centro debía permanecer y prevalecer lo oficial. Pero el margen era mi lugar. Nuestro lugar. Es curioso, dentro del objeto utilizado como soporte y medio del aprendizaje oficial habitaba el margen, la posibilidad de expresar lo que quisiéramos en el momento que quisiéramos, fuera la materia que fuera. La clase de matemática devenía en clase de matemática/dibujo. El marco en este caso no enmarcaba lo artístico, sino que en el marco y por el marco se daba el arte, mientras que en el centro se ubicaba el poder, la dominación, lo que debía ser. Y no sólo dibujábamos en los márgenes. Escribíamos. Podía tratarse de citas o de insultos o de apuntes rápidos acerca de alguna sensación notable. Podía ser nuestro nombre, escrito una y otra vez. El vacío se llenaba, el vacío que debía circundar lo establecido –la clase, la materia, los contenidos- se poblaba de palabras o de formas que atentaban contra el poder del centro. El centro quedaba rodeado y amenazado y vuelto poca cosa por la multitud de garabatos que nos permitíamos hacer o que no podíamos evitar hacer. Ese tipo de rivalidad entre lo establecido y lo marginal se daba en nuestra casa. El colegio era lo establecido. Todo lo demás era marginal. Si otros asuntos nos interesaban (bailar, tocar música, correr, jugar) debíamos inscribirnos en una academia para desarrollarnos, subordinarnos a docentes que nos transmitieran sus conocimientos, respetar los planes que nos impusieran, seguir el método de la escuela, etc. Y en el medio, si se podía, disfrutar. La escuela se metía en todas partes porque lo marginal debía ser eliminado, y una manera elegante de eliminar lo que no es oficial es volverlo oficial. Así pudimos sufrir las frases: mi hija estudia danza clásica; mi hijo estudia guitarra; mi hijo toma clases de tenis, mis dos hijos se inscribieron en la escuelita de ajedrez. ¿Cómo podíamos detener esa máquina de oficializar nuestras pasiones? Cuidado. ¿La hemos detenido acaso? Me gusta leer, me dijiste una vez. Entonces estudiaste Letras. Me gusta dibujar y tal vez te hiciste arquitecto. Eso es lo tenido por inteligente. Eso se aplaude. El haber podido acomodar el gusto a la necesidad. Lo que nos gusta no puede darnos de comer. Debemos ir a la academia de lo que nos gusta para luego poder vivir de lo que nos gusta. Pero lo que nos gusta, ¿es lo mismo que brinda la academia? El discurso oficial es: eso que brota en los margenes puede volverse central. Para hacerlo debes recurrir a la academia. Pero eso que brota en los margenes, en la academia no brota. Ilusos. ¿No saben aun que lo antes marginal y ahora vuelto central por la vía de academizarlo va a quedar rodeado a su vez por nuevos brotes marginales? Eso suele pasarnos y no lo entendemos. El lector se pregunta asombrado: ¿de que me quejo ahora si estoy estudiando lo que me gusta (letras)? Te volvieron a engañar. Compraste las mismas hojas Rivadavia del numero 5. Y te aferraste a una disciplina que te descomponía y ultrajaba. Y pensaste que estabas desarrollando tu talento. No. Lo estabas arrollando nada más. Te estabas dejando arrollar. Lo supiste cuando descubriste ese margen impoluto vuelto sucio. Lo supiste cuando descubriste aliviado que, alrededor de toda esa mierda establecida, te esperaba el espacio en blanco marginal que fue tu aire de niño y que es tu sonrisa ahora.
Franz
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